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10-jun-2003

Un ombudsman criollo

Durante la década de los 90, los Defensores del Pueblo latinoamericanos mostraron gran valentía en su trabajo frente a los atropellos y desidias de las administraciones de sus países, resaltó Xavier Markiegi durante una presentación en el BID sobre su rica experiencia como ex ombudsman del País Vasco.

Mientras en aquella década las Defensorías del Pueblo europeas se ocupaban ya de procurar a sus ciudadanos derechos de segunda y tercera generación (sociales, económicos, culturales o medioambientales), el ombudsman de muchos países de América Latina seguía luchando por defender los derechos fundamentales de los ciudadanos - como el derecho a la vida y a la libertad - en el período de transición tras los regímenes autoritarios.

Esta circunstancia y otras características propias de la región – como mayores atribuciones frente al ejecutivo - han llevado a Markiegi a bautizar esta figura latinoamericana como ombudsman criollo. “El tema de los desaparecidos”, puntualizó, “Los suecos no necesitan ya defender ese tipo de derechos”.

Recordando su experiencia en el País Vasco, Markiegi resalta “la labor de cultura de paz” que ejerció desde su cargo al acercar posturas, muchas veces irreconciliables. “Uno de los grandes descubrimientos es la labor de mediación, el poder de persuasión del ombudsman”, dijo Markiegi, quien valoró enormemente la labor de esta oficina de sugerir acciones que la administración puede tomar de inmediato por un procedimiento gratuito. “Se ahorra mucho tiempo y dinero evitando los procedimientos legales que demoran y complican el proceso”.

Markiegi recomendó a las Defensorías de la región trabajar en red y apoyarse en las ONG que son “las antenas de la sociedad” para detectar problemas y proponer buenas soluciones. Sugirió también una mayor labor de investigación sobre la evolución del rendimiento de las Defensorías, sobre la evaluación del grado de satisfacción de los usuarios o sobre los resultados de la protección efectiva de los derechos humanos, y la publicación de resultados positivos en la prensa.

La Defensoría del Pueblo es una institución independiente, elegida por los parlamentos, aunque todavía en algunos lugares tiene que defenderse del poder ejecutivo que trata de controlarla restringiendo su presupuesto o tratando de evitar la elección de figuras demasiado enérgicas. Markiegi cree que a esta “perla de la democracia” hay que apoyarla por encima de todo porque “apoyar esta institución es una labor muy hermosa de apoyo a las democracias”.     

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